Érase una vez un mundo llamado Globuworld. Pequeños glóbulos rojos, más conocidos como globulines, vivían en armonía y paz todos juntos. Cada día, sin parar, trabajaban duro para conseguir que Globuworld prosperase. Desde la calle más larga hasta el más pequeño rinconcito, estaba cuidado con el máximo cariño por estos pequeñines. 

Ellos eran los más interesados en que todo funcionase a la perfección, ya que los globulines no tenían madre ni padre, si no que, nacían del propio Globuworld. Resurgían de lo más profundo y se unían entre ellos una vez estaban preparados. 

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Globuworld no dejaba de crecer con el tiempo, estaba repleto de miles y miles globulines, todos muy similares, pero con algunas características que los hacia únicos. De repente, ante el asombro de todos, nació un globulín que no era igual que los demás. Su forma era diferente, su comportamiento era diferente, sus intenciones eran diferente y, sobre todo, sus ganas porque Globuworld prosperase no eran las mismas que la de sus hermanos.

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Esto, al principio no era un problema, los globulines eran numerosos y podían amortiguar este tipo de inconveniente. pero conforme pasaba el tiempo, este suceso se repetía con mayor frecuencia. Los globulines, que aparentemente no encajaban en este mundo, eran más numerosos y con mayor fuerza. Con el paso del tiempo, llegaron a apoderarse de la mayor parte de Globuworld, viéndose obligados los globulines buenos a abandonar aquel precioso lugar.

Los pocos globulines que quedaron, asustados, se reunieron para tomar una clara decisión de cómo solucionar el problema. Pensaron muchas estrategias para atacar y acabar con esos globulines malos, a los cuales ellos llamaban limphodarks. Fue cuando surgió, en ese mismo instante, los glóbulos guerreros. Un ejército compuesto por diferentes escuadrones, pero con un mismo objetivo: recuperar lo que un día fue de ellos.

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Una vez todo definido, pasaron a la acción. Los glóbulos guerreros fueron en busca de los limfodarks, convencidos de acabar con todo maligno que se encontrasen a su paso. Lo que no sabían ellos, era que aquellos malvados, eran demasiado fuertes. En una terrible batalla, los escuadrones que formaban el ejército de globulines tuvieron que retirarse, al ver que sus esfuerzos no eran suficientes para continuar con la lucha.

Ante dicho asombro e impotencia de saber que reuniendo todos los recursos disponibles no podían acabar con los limfodarks, no dudaron en pedir ayuda al exterior, pero para ello, solo había un camino, dejar que Globuworld se deteriorase, para que los que estuviesen en el exterior pudieran ver con sus propios ojos que algo no iba bien.

Pasado un tiempo, afortunadamente, alguien del exterior se dio cuenta, y sin dudarlo ni un solo segundo, se dispuso a prestar ayuda a los globulines para recuperar Globuworld. Este, los ayudó de dos formas.  Por una parte, hizo numerosos ataques radioactivos a Globuworld, para asegurarse, de que todos los limphodarks, hasta el más escondido, desapareciera para siempre. Por otra parte, tras haber acabado con los linfodarks, Globuworld tenía que ser repoblada de inmediato, por lo que proporcionó una fuente de la que resurgieron globulines buenos.

A partir de ese momento, todo empezó a tomar color, a volver a aquella normalidad que los globulines tanto deseaban. ¡La felicidad volvía a estar presente en Globuworld!

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The Warrior Globules